El rol del lector crítico en la era digital

Un artículo de David Gómez


El arte nos engaña y nos tranquiliza, nos hace ver el mundo tal como los artistas quisieran que fuese.

Umberto Eco, El péndulo de Foucault


El artista tiene siempre un mortal enemigo que lo extenúa en su trabajo interminable y que cada noche lo perdona y lo ama: él mismo.

Raúl Gómez Jattin, carta a él mismo


El arte es lo que resiste: resiste a la muerte, a la servidumbre, a la infamia, a la vergüenza.

Gilles DeleuzeGilles Deleuze




Favorablemente el arte ha sido el resultado de una necesidad humana por crear y recrear elementos que le permitan expresar y manifestar ideas y emociones en el plano de lo real o, en su contrario, en el espectro irreal. Quizá debido a su rasgo impreso de humanidad, el arte ha sufrido innumerables transformaciones en sí mismo, así como en la concepción sobre este, innegablemente las épocas y los ismos han ido tejiendo y destejiendo rasgos transversales del arte, incluso, hechos históricos y económicos han influido, de alguna manera, en las dinámicas del mismo. En este punto es vital puntualizar que entendemos por arte, se dirá entonces que la concepción que impulsa el argumento está dirigida hacia el arte como un bien simbólico, con rasgos espaciales y temporales puntuales, llámese pintura, escultura, poesía, literatura, teatro, cine, música o arquitectura.

Uno de los hechos que marcó un precedente en el arte y la concepción del mismo fue la revolución industrial. Antes del siglo XVIII el artista era concebido como el genio creador con la posibilidad de sintetizar un punto de vista colectivo o individual en un elemento con un alto valor simbólico, posteriormente y de la mano de los cambios sociales, económicos y tecnológicos el artista fue concebido como un productor, y el arte en general empezó a perder su rasgo transversal de bien simbólico. Walter Benjamín expone que las dinámicas de la economía atravesaron negativamente, tanto la concepción, como la creación del arte; puesto que fue necesario implementar al arte una reproducción en cadena tan nefasta, que cualquier vínculo de unicidad o autenticidad que fuera agregado al bien simbólico, con la reproductibilidad (producto de la revolución industrial) se hacía cada vez más diminuto. Según Benjamín “La reproducción logra estandarizar inclusive lo que solo existe una vez” (480). Es decir, el arte sin convicción alguna, entra en el juego de la economía y se vuelve un elemento más de la llamada “industria cultural” desde donde se produce y se reproduce, sin límite alguno, rasgos culturales y artísticos en el eje social.

Siguiendo los planteamientos del autor nos encontramos con que es irreversible la influencia que ejerció la revolución industrial en las dinámicas propias del arte; sin embargo, existen posibles posturas por parte del artista, pero sobre todo por parte del lector para encaminar las prácticas artísticas. Según Benjamín “Si se consideran diferentes formas en que puede ser acogida una obra de arte, el acento recae ya sea sobre un factor o ya sea sobre otro; dentro de esos factores, hay dos que se oponen diametralmente: el valor de la obra de arte como objeto cultural y su valor como realidad susceptible de exponerse.” (482), Es decir, será en el plano de la recepción, en donde se direccione el porvenir del arte, se puede reafirmar el valor simbólico que se ha ido perdiendo a partir de la revolución industrial, o se puede vincular al bien simbólico con las dinámicas económicas de reproducción en masa, sin valor significativo.

Si bien es posible ubicar en el pasado el surgimiento de la revolución industrial y su influencia, es una tarea casi imposible, tratar de hallar su consumación. Este hecho histórico nunca terminó, simplemente se fue transformando, de acuerdo a las posibilidades tecnológicas de las épocas que se originaron con su desarrollo. Así entonces, diremos que la era digital es producto de la revolución industrial. La innovación acelerada, así como la masificación de tecnologías en constante renovación hacen parte de las dinámicas de una revolución digital. Incluso el rasgo de homogeneización sigue haciendo parte de la era digital, hasta el punto, de nuevo, de influir directa o indirectamente en las concepciones del arte por parte de la colectividad. En el marco de la feria del libro del 2017, Boaventura de Sousa Santos[1], en un conversatorio, hizo una analogía bastante puntual, el autor decía que con la información sucede lo que ocurrió en Mocoa, en una inundación abunda el agua, sin embargo, no toda el agua es potable, pues bien, en la era digital no toda la información es “potable”, así entonces, debe existir un filtro de veracidad, y en lo posible, de objetividad respecto de lo que existe en las plataformas actuales y es el lector crítico quien debe crear dichos mecanismos para legitimar o deslegitimar el arte en la actualidad.

Siendo la era digital el resultado de diversas trasformaciones de la revolución industrial, es necesario poner en tela de juicio la significación que se da allí al arte, es vital que el lector crítico, a través de los filtros que él mismo va creando, sepa identificar si en la era digital, donde todo está al alcance de todos, la obra de arte mantiene el vínculo simbólico que la ha dinamizado, o si por el contrario, sigue obedeciendo al juego de la economía donde la autenticidad y cualquier rasgo significativo se pierden voluntariamente. En relación a esto Benjamín plantea “A medida que disminuye la significación social de un arte, se asiste, entre el público, a un divorcio creciente entre el espíritu crítico y la conducta de goce. Se goza, sin criticar.” (484). Es decir, se requiere un lector crítico que se aleje del molde de consumidor pasivo que no se inquieta ante lo que el arte plantea en relación a la exploración de sentido.

Bourdieu postula al artista como producto de su entorno, es decir, el artista es creador y dinamizador desde un plano tan amplio y contundente como el arte pero debe obedecer a las dinámicas de una época. Así entonces, en la actualidad, el artista es producto, directa o indirectamente, de la era digital, por lo tanto, obedece a una amplitud de interpretaciones e influencias sin orden ni legitimación, entonces debe ser el lector crítico quien ubique espacial y temporalmente cualquier tipo de manifestación cultural dentro del arte en la era digital. Sin embargo, esto no es suficiente. Según Estanislao Zuleta “La lectura es parte de un proceso que en ningún caso puede ser pensado como consumo” (199). La lectura debe formarnos, deformarnos y transformarnos. Así entonces, la lectura crítica y consciente, debe ser una práctica de continuidad en el entorno, especialmente de las expresiones colectivas que se vinculen con el arte. Es decir, si el arte, deliberadamente creado con carácter crítico, y el lector crítico se posicionan desde la misma línea de producción de conocimiento, el pensar y el actuar se pueden encaminar a generar transformaciones culturales y sociales en diversos planos de la colectividad aun en una era como la actual.

Indiscutiblemente negar o rechazar la influencia de la revolución en la era digital sea una tarea vacua. La discusión no debe estar en torno a la pureza del arte, o si esta debe escapar a las dinámicas económicas y tecnológicas de la era actual, sino que todo actuar y todo pensar deben estar direccionados a formar lectores críticos capaces de identificar rasgos transversales, muchas veces invisibles, en la creación y divulgación de cualquier tipo de manifestación artística. Así entonces, en la era digital, de las múltiples interpretaciones, donde todo vale, debe ser el lector crítico quien cree filtros de veracidad con el fin de reconocer el rasgo simbólico del arte en oposición a la producción y reproducción vacía que no parece tener nada que contar.



Referencias

– Benjamín, W. (1992). La obra de arte en la época de su productibilidad técnica. Revista Eco No (95-96).

– Bourdieu, Pierre, ¿Y quién creó a los creadores?, Conferencia pronunciada en la École Nationale Superiéure des Arts Décoratifs, abril de 1980.

– Zuleta, E. (1994). Sobre la lectura. Fundación Estanislao Zuleta.