Retrato de una mujer artista

Una entrevista a Andrea Cuellar




Indudablemente la historia del concepto de mujer evidencia múltiples transformaciones. Abordar esa historia parece en la actualidad sencillo porque abundan los textos que exponen los aportes, las representaciones y sentires de ellas en diferentes campos. Para el ejemplo, lo invito a que teclee en su buscador la frase “el rol de la mujer en el arte” y verá que los resultados superan el millón, y van aumentando. Ahora, ¿cree usted que será lo mismo hablar de “el rol del arte en la mujer”? según mi buscador, si lo es. Porque aunque arroja casi siete millones de resultados, éstos responden más a la primera pregunta que a la segunda; como si el orden de las palabras mujer, papel y arte no importara porque, de todas formas, todas esas posibilidades nos llevan a lo mismo. Dos frases que significan cosas muy distintas pero se complementan. Su mayor diferencia recae en que una se muestra como más objetiva, analiza y muestra lo que ha hecho y hacen ellas en las artes; la otra, más subjetiva, reconoce lo que el arte hace en una mujer. Cosa que de por sí ya implica ahondar en la obra artística, seguirla, leerla y releerla. Dejarse llevar por esas obras puede tener más trabajo, aunque resulta más satisfactorio que encontrar en esa individualidad, nociones sobre lo general.

En consonancia con ese planteamiento, tuvimos la oportunidad de reunirnos con Andrea Cuellar Triana, una mujer de 23 años que desde que salió del colegio se dedicó al arte en su totalidad. Su método completamente empírico, abarca la aerografía, el dibujo, la acuarela, el color, la pintura, el muralismo y el tatuaje. Estuvimos en su taller de tatuajes, conocimos sus obras con una técnica que consiste en difuminar y mezclar los tonos de una caja de 45 colores para reflejar la imagen de una foto, un objeto o una persona, vimos sus dibujos, leímos su piel; nos adentramos en su obra y fue a través de conocer su vida artística que logramos, una vez más, conocer a la artista colombiana; mujeres en las que encontramos y vemos elementos característicos como:

Lo innegable

Por más que quisiéramos, sería absurdo negar o ignorar la realidad que muchas mujeres han tenido –y tienen- que pasar a lo largo de la historia de la humanidad. Una realidad cruel y peyorativa hacia la mujer; en la que se le concibe como la menos inteligente, capaz, fuerte y se le impone lo que debe ser y hacer. En donde se le ha dejado al hombre, el privilegio de controlarla y saberla como suya.

Y en ese rio de anécdotas que se regaron de la llave que Andrea abrió para nosotros, navegaron historias relacionadas con el machismo; personajes que se han creído más que ella por el hecho de ser mujer; comentarios, quizá miradas que dan para pensar que la historia se sigue repitiendo. Es innegable el peso que carga la mujer en su espalda. Un peso que no es fácil de descargar, pues son kilos y kilos de invisibilización y humillación.

¿Ser mujer influye en tu trabajo? Le preguntamos a Andrea, pero además de su respuesta, obtenemos más preguntas: ¿Por qué esa pregunta no se la hacemos a los hombres? ¿Por qué estamos tan predispuestos a escuchar historias sobre abuso contra la mujer? ¿Por qué hacemos parte de ese grupo abusivo que no ve a la mujer por su ser mujer, sino por lo que ello ha implicado?

La voz

Con Andrea, así como con las demás participantes de esta edición, vemos que la mujer ha encontrado en las artes una voz. Las mujeres se ingenian, piensan y repiensan mil maneras para opinar, hacer crítica, mostrar su inconformidad, reconocer su historia y expresar su visión sobre el mundo a través del arte. Han encontrado allí las imágenes, palabras, ritmos, expresiones, letras, melodías, formas, movimientos para encontrarse a ellas mismas y mostrar lo que son y lo que no son por medio de ello.

Andrea, lleva aproximadamente tres años trabajando en su obra. Cada día se sienta a colorear sobre un papel en blanco, con líneas imaginarias que van creando la imagen de un perro, de un loro, de una rana. En cada una de sus obras debe encontrar el color más parecido al de la realidad, difuminar los colores para que parezcan uno solo, encontrar el detalle preciso, la mirada exacta, y eso le puede llevar meses de trabajo, que están envueltos por la paciencia y el amor que tiene por su quehacer. El arte en la vida de Andrea es todo, refleja lo que es. La inspira y a su vez, es el medio para mostrar su inspiración. El arte es ella misma, representada en color. Es lo que la ha impulsado a llegar a donde está, su más íntima compañía. Es el que le ha dado voz propia y única. La ha construido como trabajadora, como mujer, como persona. Y sabemos que es el arte, el que la hará llegar lejos. Pues aunque se dedica a pintar la piel de las personas, es el arte su propia piel: su capa más fuerte.

Lo admirable

Además de reconocer lo innegable, y de escuchar esas voces de las mujeres artistas, conocer a Andrea permitió reconocer que la mujer, aun con todo el peso que pone la sociedad en sus hombros, no se da por vencida. A pesar de que se les ha intentado pasar por encima, vendarles los ojos y callarlas, ellas han inventado nuevas formas de expresarse. Se las han arreglado para llegar aun más lejos de lo que muchos piensan que pueden llegar.

Andrea, no cuenta con una carrera profesional, lo que para muchos puede ser una desmotivación o impedimento: pero no para ella. Andrea se las ha arreglado por distintos medios, para aprender sola. Viendo, escuchando, preguntando y errando. Escucharla hablar de lo que hace, es oír la voz del orgullo, de las ganas, de la pasión. Ella, como muchas otras mujeres artistas, deja todo de sí en cada una de sus obras.

Debe documentarse con mayor frecuencia lo que significa para las mujeres hacer y ser, sin necesidad de compararla; de ver qué dicen los otros o qué se ha hecho antes. Solo reconocer lo que significa para una mujer expresar lo que siente, piensa y opina sobre el mundo que la rodea. Eso intentamos y si algo aprendimos por medio de esto fue que la mujer no hace lo que hace para demostrar que ella puede, porque ella ya sabe que puede. La mujer no entrena para romper paradigmas, lo hace porque es su pasión. La mujer no discrimina en las artes: baila, escribe y canta reconociendo los grandes aportes del hombre. La mujer utiliza las artes para seguir creciendo como ser. Artista, pintora, tatuadora, deportista, cineasta, cantante. Unas veces mal representada pero muchas veces representada tal y como es. La mujer no es por, ni para, la mujer es y punto.